Artesano del sombrero Panamá

Domingo Carranza es un maestro tejedor de sombreros finos de Panamá, sus sombreros son comprados por celebridades y amantes de esta prenda en los 5 continentes.
Domingo Carranza Maestro tejedor. Pile 20 de Diciembre de 1969.

Hay sombreros finos de Domingo Carranza en los 5 continentes



 Domingo, como yo lo llamo, es en mi opinión y en la de muchos reconocidos expertos en el tema, uno de los más extraordinarios artesanos de sombreros finos de paja toquilla que he conocido. Nació el 20 de diciembre de 1969 en la comuna de Pile, Cantón de Montecristi. Hijo de Aura Margarita y Jorge Ignacio, es el mayor de doce hermanos. 

Desde los 7 años, sus padres y su abuela Ana María, le trasmitieron el arte de tejer la paja toquilla. Se conservan registros de esta actividad de los Carranza Alarcón desde 1878, siendo Domingo la sexta generación de tejedores artesanos en la familia. 

Tejer era, y sigue siendo, una más de las rutinas de los pobladores de la provincia de Manabí en la costa del país. Se tejían los sombreros para su uso en las faenas del campo, para los vaqueros y los arrieros que, con sus recuas de mulas cargadas de mercancías, surtían los mercadillos de las provincias. Recorrían la zona habitualmente y conocían la gran calidad de los sombreros de esta comuna. Gracias a ellos se lograba comercializar parte de la incipiente producción.

Al principio, se entrenaban los pequeños dedos del niño con gruesas pajas, que se convertían en esterillas. Paulatinamente, se hacía más fino y delicado el resultado de horas y horas recostado sobre el banco de tejer, en la posición más incómoda que un profano en la materia pueda imaginar. 

El primer sombrero que pasó el escrutinio y control de calidad familiar para ser comercializado, aún está grabado en la mente de aquel pequeño de 9 años. Orgulloso, le entregó los 90 sucres que recibió por ese trabajo a su madre para hacer el mercado semanal de la familia. Desde entonces sus habilidosas manos no dejaron de tejer un solo día, cada vez con mayor destreza y talento.

Conoció a Doña Mary hace ya más de dos décadas, una mujer que al igual que él proviene de una familia de artesanos. Juntos han formado una bonita familia de 5 hijos y ya tres nietos.

La salud del toquillal es una preocupación constante para los artesanos que se dedican al tejer sombreros de Panamá, la paja toquilla es una planta ligada a los pueblos precolombinos desde hace siglos.
Domingo Carranza inspecciona la paja toquilla

El toquillal esta a tres horas de camino desde el taller del artesano, los sombreros de Panamá implican un arduo trabajo desde el principio
Domingo Carranza observa el toquillal que va a cosechar

Aunque también es pescador, campesino, criador de animales de corral, albañil, líder comunitario e instructor de tejedores; sigue siendo esta actividad, la de tejer, la más grata para él y la que más orgulloso le hace sentir. Consagrándolo así, como un artesano de talento y habilidades increíbles. 

La vida para esta humilde y feliz familia transcurría sin grandes sobresaltos ni lujos excesivos, hasta que un desafortunado día, Domingo sufrió un accidente que lo tuvo hospitalizado por varios meses y un año largo postrado en la cama, con la lógica preocupación patriarcal de cómo sustentar a su prole. Fue entonces, cuando toda la familia liderada por Doña Mary y dirigida por el convaleciente Domingo se volcó en la fabricación de sombreros, que mal vendían para continuar adelante en esos difíciles momentos. Los cinco hijos de Domingo despuntaron como  habilidosos artesanos, todos juntos lograron superar esa crisis y nunca abandonaron el arte de tejer. Con años de práctica y las enseñanzas del mejor maestro artesano que pudieron tener, han salido de este taller  familiar algunos de los mejores sombreros finos que el mundo ha conocido.

La fama de los sombreros confeccionados por Domingo trasciende las fronteras del Ecuador. Muy a su pesar, sus obras de arte son ampliamente reconocidas y valoradas en Londres, Dubái, New York, Milán o Moscú, antes que en Quito o Guayaquil. Sin embargo, la vida le tenía guardada una buena sorpresa, que llegó en la primavera del 2017. THE MUSEUM OF MODERN ART  de New York (El MOMA), contactó con él para encargarle un sombrero, el cual sería expuesto en esta catedral del arte contemporáneo. Este es el punto de inflexión en la carrera artística de Domingo Carranza, no ya por el reconocimiento obvio que los entendidos le dan a su trabajo, sino más aún por la justicia de que los Carranza puedan vivir dignamente de su arte. Por tanto, hoy es posible comprar directamente una de estas joyas de manos de su creador, mi querido amigo Domingo.

 

Ausberto Hernández

2018